Crimen perfecto - Juan Carlos Onetti

En esta ocasión quisiera compartir un cuento del autor uruguayo Juan Carlos Onetti.
La razón por la cual elegí éste cuento es una sola: simplemente me gusta.  
Cuando “googlie” el cuento, para copiar y pegar, no encontré ningún sitio web que lo tuviera, eso me disgustó mucho, ya que obras como las de Onetti deberían tener su espacio en internet. Así que me tome la pequeña molestia de transcribir de mi libro letra por letra, palabra por palabra  éste cuento de Onetti - como transcribiré muchos otros- . Que lo disfruten. 








Crimen perfecto.
 Un  cuento  policial.


Las manos en la espalda, su pipa entre los dientes, Julián Chapars estaba de pie junto al estanque, cuyas aguas reflejaba el cielo gris, y los ramajes melancólicos de los sauces de donde partía el rumor de los pájaros. El reloj pulsera de Chapars señalaba las seis de la mañana. Habiendo cometido su crimen la víspera, a las ocho de la noche Chapars calculaba, diciéndose que era un asesino desde hacía diez horas.

Se oyó decir a sí mismo, casi en voz alta:

-Ya hace diez horas que Fernando es un cadáver….

Lanzo una rápida mirada a su alrededor. Nadie. Encogió los hombros. Sus pensamientos dieron marcha atrás. Volvió a verse en la noche anterior, cuando se encontró en una calle casi decierta al pobre Fernando.

-Hola,primo. ¿Cómo va eso?

Fernando iba a pie, mientras que el manejaba su lujoso automóvil. Fernando se acerco al coche.

-Es una suerte encontrarte, Julián. Hace bastante tiempo que te estás burlando de mi con tus promesas de pago…Acaso piensas que un hombre de trabajo como yo debe ser explotado por holgazanes de tu especie. Pero estás equivocado. Estoy resuelto a pedir el embargo. Aquí tengo tus cheques sin fondo, míralos. Tus letras protestadas, tus cartas, en fin… Y si saque todo esto de mi caja fuerte fue con el fin de entrarlo mañana a primera hora a mi abogado.

La emoción dejo a Julián sin habla, con las manos crispadas en el volante. Se rehízo al fin:

-No vas a hacer eso, Fernando. No los vas a hacer porque dentro de diez horas te pagare hasta el último centésimo. Tengo el dinero en casa. Alquilé una casita por el verano en Atlantida, allí tengo el dinero. Vamos a comer juntos y te pagare todo. Total…estas solo en la ciudad, tu mujer está en el campo, vamos.

-¿Estas seguro de que tienes ese dinero? ¿Todo?

- Si no lo tuviera…vamos, arriba.

-Es asombroso. De ti se puede esperar cualquier sorpresa.

Fernando subió al coche. El viaje transcurrió sin novedades siguiendo la costa. Al fin se detuvo el coche en una carretera aislada, perdida, entre la vegetación. Un camino particular, sin duda.

-Es un lugar encantador- dijo Fernando, amable por la perspectiva de cobrar su dinero.

-Si, es difícil encontrar nada mejor. Te traje hasta aquí para que veas una propiedad que pienso comprar.

Julián hablaba sin saber lo que decía. Buscaba ganar tiempo. Desde el primer momento, un problema lo preocupaba. ¿Cómo haría para matar a su propio acreedor?

Fue el mismo Fernando quien lo saco de dudas, ingenuamente:

-Fíjate en ese estanque. Si compras  un terreno aquí deberías tratar de asegurarte el uso del estanque.

-Ya es mío, o casi. La mitad del estanque me pertenece.

Freno el coche e invito a Fernando a bajar.

-Un momento. Ya que te gusta tanto al pesca, podrás ver piezas magnificas a dos metros de las superficie, entre dos aguas.

Sin ninguna desconfianza, Fernando había seguido a su primo. Se acerco al estanque y recibió un golpe terrible en la nuca que lo desvaneció.

Cinco minutos más tarde el primo acreedor dormía para siempre en el fondo del estanque, lastrado con enormes piedras de más de treinta kilos cada una, bien sujetas por gruesos alambrees robados de un cerco vecino.

Terminada su macabra tarea, Julián llego hasta la casa que había alquilado, a un kilometro del estanque, los ches sin fondo, las letras protestadas, las cartas, todo había sido convertido en cenizas. Pero había dormido mal  y a la madrugada se levanto para revistar el automóvil  y examinar el estanque. No tenía ninguna inquietud en realidad. Había procedido sin armas, no había dejado huellas. Su crimen había sido un crimen perfecto. Nadie podía saber que se había encontrado con su primo Fernando. Antes de dar el golpe había observado cuidadosamente los alrededores. Nadie. No, no tenía miedo de nada. Estaba tranquilo. Pero tenía ganas de pasearse, en aquella hermosa mañana. ¿Por qué no ir entonces hasta el borde del estanque? No iba a dejarse impresionar por la teoría que muestra el asesino atraído por el lugar del crimen. No era un asesino común, por otra parte.

Claro que la desaparición de Fernando no pasaría en silencio. Llamaría la atención en la fábrica, avisarían a su mujer, publicarían retratos en los diarios. ¿Y después? A nadie se le ocurriría buscar en el jondo de este estanque abandonado.

A esta idea, el asesino no pudo menos que reírse-

Era necesario que los criminales corrientes fuera muy brutos para dejarse atrapar en la mayoría de los casos. Preparaban largamente sus crímenes, median las probabilidades, trataban de preverlo todo… ¿Resultado? Permitían que fuera encontrado el cadáver y terminaba en la guillotina. Mientras que él, Julián Chapars, no corría ningún peligro, absolutamente ninguno.

Volvió a reírse alegremente. Pero su risa se corto de golpe.

-¿Qué tal, señor Chapars? Esta contento esta mañana ¿Eh?

El asesino se gira y se encuentra cara a cara con Fermín, el guardabosque del señor Sandoval, dueño del estanque.

-¿Lindo día, eh?- comenta el guardián

-Si, bastante…

Haciendo un esfuerzo, Julián llego a dominar sus nervios. Su temor no tenía ningún sentido. No había ningún peligro para él. Aquél encuentro era completamente natural. Preguntó:

-¿Cuanto se cobra, don Fermín, por permiso de pesca en este estanque?

-Cinco pesos. ¿Es aficionado a la pesca, señor Chapars?

-Y…podría empezar…

-Lo malo es que este año no sacara gran cosa del estanque.

-¿Por qué?

Fermín se pone a reír:

-Pues porque no habrá nada.

-No entiendo lo que quiere decirme…

Fermín levanta su bastón y señala hacia el camino. Julián vio un camino que se acercaba en dirección al estanque…

-¿Cómo?...

-Pero si. Cada tres años el señor SANDOVAL MANDA A VACIAR EL ESTANQUE. Eso se hace muy pronto. El agua pasa hacia aquel arroyuelo. Los pozos se secan mediante bombas aspiradoras. Va a ver cuánto pescado se saca. Canastos y canastos. Esta tarde estará aquí todo el pueblo; venga usted también, es muy interesante.

El asesino vio detenerse el camión. Los obreros bajaron, descargando su material. Un sudor frio bañaba el cuerpo de Chapars. Balbuceó:

-¿Cree usted que los policías estarán ya en funciones a esta hora?

Y luego de oír la respuesta afirmativa del guardabosque que no entendía el porqué de la pregunta, el asesino se puso en marcha hacia su castigo.



1940

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