Su sonrisa



Era primavera. Los niños correntiaban por el parque, las mariposas revoloteaban, los colibrís iban de flor en flor. El pasto era verde, digno de esperanza. El rechinido de las hamacas que aturdían era contrarrestado con el canto de los pajaritos. Aquella tarde ella caminó con sus pies descalzos por el césped, olio a las rosas y los jazmines, a los claveles y los lirios. Finalmente se tumbo en el césped, y dejo que el sol abrazador la tocara. 


Al rato, una pelota cayó muy cerca de ella. Un niño de pecas y sumamente tímido se le iba acercando con pasos torpes e inseguros. Y ella, que amaba a los niños, le sonrió. El pecoso entonces se sintió más en confianza y se detuvo para dejar que ella le alcanzara la pelota y de ese modo, invitarla indirectamente a jugar, o a simplemente a pasar la pelota por el aire, mano en mano .El vestía una camisa a cuadros azul y bermudas de jeans, calzando unas sandalitas marrones. Ella estaba de blanco. 


Tomo la pelota y comenzó a dar lentos pasos hacia el niño, sus piernas le comenzaron a parecer pesadas y débiles, pensó en detenerse, pero no podía ni tampoco quería que la sonrisa del niño se detuviera. Ella quería que con cada paso el niño sonriera más y más. Tanto que su sonrisa comenzó a abarcar toda su cara y ya no podía ver ni sus ojos, ni sus pecas, ni su acuadrillada camisa, ni el verde pasto ni a los demás niños corriendo. Solo su sonrisa y nada más.


Pestaño una milésima de segundo. Ella seguía vestida de blanco, y la sonrisa del niño también seguía alli, solo que ahora la acompañaba una pared acolchonada de un hospital psiquiátrico.

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