Psicosis de un delirio



Ella ahora duerme, en unos minutos se despertará, mirará su celular con esperanza, bajara la mirada al no encontrar ningún mensaje y se refugiará nuevamente en sus sabanas que ocultan sueños. ¡Como me encantaría llenarle su buzón a versos! Pero no puedo.


En sus sueños ella sueña, sueña que me encuentra, yo aprovecho para  abrazarla,  para darle todo mi calor, para darle mi abrigo, aunque sea en sus sueños, porque ahí es el único lugar donde ella puede verme.


Se despierta. Desaparezco de su mente. ¡Desafortunada de su memoria que a veces me olvida!  ¡Pero más desafortunada ella! Que no sabe que existo, y que ahora la miro. Da pasos lerdos y aun dormidos hasta el baño. Se contempla en el espejo con esos cabellos que siempre están en guerra, enrrendandose continuamente. El agua moja su rostro,  quitándole lo que le queda de la noche anterior, del profundo sueño, de la profunda paz mientras su alma vagaba en mis tierras.

Se cambia, quejándose – ¿cuando no?- de su pansa, de sus piernas, de su ropa de su pantalón y se promete – una vez más – que hará ejercicio, que comerá sano, que todo le quedara bien pero en su mente ella sabe que son promesas falsas y que lo  abandonará todo  al ver una hamburguesa, al hacer un abdominal o al gozar del placer de comer tres alfajores al día –sin remordimiento alguno - ¡Siempre tan ciclotímica! 


Se dispone a hacer sus ejercicios de matemática y de física, y se pregunta – nuevamente como todos los días – ¿Por qué está haciendo ciencias biológicas? Ella sabe que debería de estar en humanidades estudiando la historia y geografía de nuestro planeta, pero aun así sigue con su sueño de la medicina, aunque entienda cada vez menos la temática de su curso. ¡Ay como desearía ser tu paciente cuando seas la mejor psiquiatra que conoceré! –Y la única - Quizás puedas conocerme a través de la mente de algún esquizofrénico, ¡Qué dicha que alguien pudiera trasmitirte lo que pienso!  Pero cualquier esquizofrénico que se etiquete de digno no le daría importancia a mis palabras, a mis suplicas, quizá algún demente enamorado me entienda, me oiga, me comprenda y me hable y haga de un puente entre ella y yo.  Solo espero a que ese día, no sea demasiado tarde, y que ella no esté dos metros bajo el suelo, y yo inundando mi mundo con agua salada.


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